Querido Dostoyevski

La literatura universal se llena de nombres a lo largo de varios siglos de escritura. No obstante, hay gente que está en lo más alto del podio, por ser atemporales y explorar temáticas con profundidad. Entre ellos, el nombre de Fiodor Dostoyevski se eleva por encima de muchos clásicos y quizás como el gran referente de la literatura rusa (junto a Tolstoi).

Nació el 11 de noviembre de 1821 en Rusia, cuando todavía gobernaban los zares, y su vida se extendió hasta 1881. En el medio, su carrera literaria es una de las más exquisitas que existen, con títulos que son clásicos e inevitable es su lectura. Dostoyevsky exploró temáticas que luego desarrollarían otros intelectuales, utilizando a sus personajes como excusa para explorar las emociones del ser humano. Un ejemplo de esto es Crimen y castigo, donde la psicología es llevada a otro nivel al adentrarse en las vertiginosas emociones que experimenta un hombre que comete un asesinato.

Quienes luego se han establecido como otros grandes autores, mencionan al escritor ruso como una de sus influencias en cuanto a su narrativa. Dostoyevski es complejo en toda su obra, de una trama que se le solía criticar por la confusión que puede abundar en sus libros y que en realidad, representan la profundidad que caracteriza a la literatura rusa, desde sus patronímicos que definen a los personajes de distintas maneras, hasta los escenarios complejos de una Rusia fría. Sin embargo, hasta el día de hoy hay muchos elementos que se pueden asociar a una época lejana a la de su escritura.

¿Cómo hubiesen escrito muchos de los escritores que disfrutamos, sin la presencia de textos de Dostoyevski? Por suerte, no lo sabremos porque él dejó su huella en todos aquellos que lo han leído. Y la literatura le está eternamente agradecida.

 

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