Si está en el diccionario, entonces existe

Cada vez que la Real Academia Española anuncia la publicación de la nueva versión de su diccionario, estallan cuestiones que siempre buscan renovar la impresión de una institución histórica que aboga por el cuidado de la lengua española. Sin embargo, ¿cómo se hace con una región tan dispar que habla un mismo idioma pero que lo utiliza de distinta manera? Mucho se ha criticado por creer que la Real Academia se olvida de los países Latinoamericanos cuando se incorporan términos más localistas y que varían de acuerdo al país en el que se mencione la palabra.

El dilema siempre está en la supremacía de España por sobre el otro lado del Atlántico. Este resentimiento es uno de los desafíos que tienen para enfrentar quienes discuten si finalmente un término se incorpora o no. Una vez que es aceptado, es una autoridad inmaculada que no puede ser cuestionado porque “La Real Academia Española lo avala”. No hay borrones de editores, de profesores de colegios, porque lo dice ahí.

Por otro lado, hay modismos que en el habla pueden ser perdonados pero a la hora de escribir -excepto que se lo utilicen como parte de un diálogo veraz- pueden generar cierto ruido. La controversia se instala en el momento en que se preguntan: ¿Aceptamos nuevos verbos como Googlear? No sólo vienen desde una marca, sino que también desde otro idioma. ¿Pero qué hacer si comúnmente se está esparciendo en el día a día de las personas? ¿Quién está al servicio de quién: la lengua a los individuos o los individuos se deben a la lengua?

Es difícil establecer el límite a una evolución lingüística, producto de la coyuntura de la época donde la tecnología invita a crear nuevos conceptos que necesitan una palabra para encerrarlos. O se lo acepta y se lo incorpora o se lo continúa criticando cuando la manera de expresarnos verbalmente permite que el lenguaje se vaya mermando y aún siendo un elemento de comunicación de la humanidad.

Entonces, cada año, una palabra nueva incorporada al diccionario de la RAE genera molestia porque no se la debe incorporar y razones varias. Tampoco se puede culpar a la RAE por acompañar el desarrollo lógico del lenguaje que se acopla a los tiempos. Si se debe apuntar a una mayor integración del español como un idioma rico y diverso que se acomoda a cada país y no descartar aquellas palabras que definen elementos en países de distinta manera y no sólo en España.

Rosario Arán (por Exedra Books)